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miércoles, 13 de mayo de 2009

Iwanagara Apple Blossom

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Esta vez toca la floración de esta orquídea de la familia de las cattleyas. Se trata de una iwanagara, un nombre un poco raro para nombrar el cruce entre una brassavola, cattleya, diacrium y laelia. Concretamente se trata de una Iwanagara Apple Blossom que resulta ser del cruce entre una Brassolaeliocattleya Orange Nugget y un Dialaelia Snowflake.

Esta orquídea lleva conmigo desde mediados del año 2007. En Jardinerie Lafitte, Bayonne (Francia), que dista a 50 minutos de mi casa, suelen tener un rincón donde van colocando las orquídeas que van perdiendo la floración. Siempre paso por allí, por si hay alguna ganga. Así de un vistazo, la única que me llamó la atención, fue esta orquídea. Se la veía muy sana y bien llena de hojas y algunos brotes nuevos. En la maceta, la única etiqueta que ponía era una que ponía "Cattleya", así que tuve que esperar un año, hasta su floración, para saber que era una Iwanagara Appleblossom. Además, como las que están sin flor, las vende al 50% de su precio normal, salió bien barata.

Como tengo muy mala mano para el cultivo de cattleyas en maceta (las raíces se me pudren), esta iwanagara la monté en corcho, como hago con todas las demás. Bajo un chorro de agua, limpié bien las raíces (la verdad que el sustrato que traía estaba bastante degradado) hasta dejarlas bien limpias. Con una tijera corté las raíces en mal estado o podridas. Elegí un trozo de corcho lo suficientemente grande para albergar el matojo de raíces que traía, y con una buena cama de esfagno y musgo vivo, até con pita elástica al corcho. Es como mejor se me dan las orquídeas.. montadas. Aunque hay que regarlas más a menudo, sabes que no vas a tener problemas de pudrición de raíces...

Para el cultivo de esta orquídea, al pertenecer a la familia de las cattleyas, le di unas condiciones muy parecidas a estas últimas. En invierno, la tengo en la buhardilla y la pongo en un sitio, donde reciba el mayor sol posible. Un poco difícil, pues el sitio es reducido y tengo otras 250 orquídeas más queriendo sol también, así que intente repartirlas lo mejor que puedo. Aunque ha tenido una floración medianamente buena, seguro que si recibiera más sol, sería más espectacular. Como no hace mucho calor durante el invierno, y el sustrato tarda más en secarse, los riegos suelen ser espaciados, cada dos o tres días, lo mismo que el abono.

Cuando empieza a hacer calor, y la temperatura nocturna ya no es muy baja, empiezo a sacar las orquídeas al exterior, y con la iwanagara hago lo mismo. El emplazamiento de ésta, suele ser a pleno sol, recibiendo sol desde la mañana hasta el atardecer. Ya las tengo acostumbradas a recibir sol directo, y aunque no se libran de alguna quemadura que otra, lo compensa con lo sana y fuerte y llena de brotes que se pone la planta. Lo mismo me pasa con las vandas. En cuanto al riego, suele ser diario, por la mañana y en abundancia. Como la tengo en el exterior y la riego con la manguera, suelo abonar cada 15 días. En los días más calurosos (que son muy pocos en la zona en donde vivo) puedo regar dos e incluso tres veces al día. A finales de verano, pricipios de otoño, cuando la temperatura nocturna baja considerablemente, lo vuelvo a meter a la buhardilla.

Suele florecer en invierno y primavera y para ello, necesita cambios de temperatura entre el día y la noche de unos 10ºC. como muchas de las orquídeas... Es por ello que las mejor época del año, por lo menos en España, es en otoño y en primavera, que es cuando hay más contrastes de temperatura entre el día y la noche.

Bueno, espero que os haya gustado, para cualquier consulta o sugerencia, podéis escribirme a: airegaizto@gmail.com

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En Gipuzkoa, la provincia más pequeña de España, el clima es de tipo oceánico templado, caracterizado por sus moderadas temperaturas y lluvias relativamente frecuentes, aunque rara vez torrenciales. Se trata de un tiempo húmedo pero agradable, matizado por el efecto suavizador que ejerce el mar.

Los inviernos en Gipuzkoa suelen ser lluviosos pero con temperaturas más bien templadas. Las heladas son escasas y la caída de nieve, un acontecimiento infrecuente que provoca que los guipuzcoanos saquen sus cámaras a la calle.

En verano suben las temperaturas pero sin alcanzar las cotas agobiantes de otros lugares. Aquí los termómetros se quedan en torno a unos agradables 20 grados, aunque se produzcan máximas superiores a los 30. Lo normal es que los días sean agradables y que durante las noches el ambiente se refresque. La lluvia, a veces en forma de suave llovizna (el típico 'sirimiri'), también hace su aparición en las estaciones cálidas, entre ciclos secos.

Las suaves brisas suelen venir del noroeste, del norte o del sur. Pese a su reducida extensión, la morfología de Gipuzkoa, con estrechos valles y montes que actúan como barrera de los aires del mar, hace que la meteorología no sea homogénea y que se registren variaciones entre sus distintas comarcas.