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jueves, 23 de abril de 2009

Trichopilia ramonensis

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Esta vez os presento la floración de esta Trichopilia ramonensis. Ya hace tres años que lleva conmigo, después de que lo compré a través de ebay desde Costa Rica. A la vez que esta orquídea, y para abaratar los gastos de envío, también me compré una Stanhopea wardii y una Acineta densa. A pesar del largo viaje, llegaron bien, a raiz desnuda... Después de elegir unos trozos de corteza de corcho, monté las tres orquídeas... Esta orquídea es híbrida, resultante del cruce entre una Trichopilia suavis y una Trichopilia marginata.

Las trichopilias son poco conocidas por los amantes de las orquídeas, por que los catálogos europeos tienen una elección bastante restringida. Algunas de sus 32 especies que comprende este género, son por lo tanto, altamente deseables por su floración regular y espectacular. Pertenece a las subfamilia de los Epidendroidae, tribu de los Maxillarieae, subtribu de los oncidiinae. El nombre viene del griego Trichos (cabello) y pilos (fieltro) y hace referencia al borde ciliado de la punta de la columna. Es el Dr. John Lidley quien propuso como género nuevo, la Trichopilia en 1836. El tipo de especie, que también es la más conocida, fue la Trichopilia tortilis Lindl.

La Trichopilia se encuentra en América Central y América del Sur, en México, en el norte de las Pequeñas Antillas, Bolivia y al sur de Brasil. En su hábitat, en la América tropical y subtropical, las trichopilias se encuentran al borde de los ríos que serpentean por el bosque húmedo entre 100 y 2500 metros de altitud. Las plantas se agarran a los árboles o son semi-terrestres.

Son plantas, de pequeño a mediano tamaño, con excepción de algunas que pueden llegar a los 50 cms. de altura. Se caracteriza por un rizoma corto, ligeramente ascendente. Los pseudobulbos, apretados los unos con los otros, pueden ser planos, redondos o cilíndricos. En lo referente a la Trichopilia ramonensis, los pseudobulbos son aplanados. De cada pseudobulbo, solamente sale una hoja.

La inflorescencia, basal, arqueada o colgante, sale lateralmente entre las brácteas y el pseudobulbo y lleva entre una a varias flores según las especies. En cuanto a la Trichopilia ramonensis, lleva cuatro flores por pseudobulbo, dos a cada lado de él. Las flores, más o menos perfumadas, pueden ser de talla mediana (cerca de 5 cms) o grande (cerca de 13 cms.). Se distinguen muy fácilmente por sus pétalos y sépalos separados, y extendidos, más o menos ondulados o incluso en ángulo recto y sobre todo, por su labelo en forma de trompeta (los lóbulos laterales se superponene la mayoría de las veces, rodeando la columna y el lóbulo central, que es largo y extendido). Los sépalos pueden ser blancos, verdes, amarillos, marrones o rojos; el labelo es blanco más o menos picado o moteado de amarillo o rojo.

Las trichopilias tienen necesidad de una buena luz para florecer pero no mucho. Una sombra ligera será de rigos, pues a pesar de la consistencia de cuero de las hojas, se queman fácilmente al sol. En cuanto a la temperatura, hay que cultivarlas en invernadero templado, con mínimas nocturnas de 10 a 13ºC durante el invierno y máximas diurnas de 28ºC (son posibles 30ºC bajo algunas condiciones de sombra y ventilación). En cuanto al riego, hay que regar de dos a tres veces por semana desde primavera hasta el fin de verano para las plantas que están en maceta. Para las plantadas en corcho, una vez al día... Desde noviembre a febrero, la reducción de la temperatura llevará también la reducción de los riegos: Una vez a la semana (macetas) y dos veces por semana (montadas en corcho). En ninguno de los casos, el sustrato nunca debe secarse completamente, lo que llevaría consigo que las hojas se arrugaran en forma de acordeón. Una aplicación de abono balanceado (N 20, P20, K20), con dosis diluidas, una vez a la semana durante el período de crecimiento activo, será beneficiosos para la maduración de los pesudobulbos que llevarán así más flores.

En cuanto al sustrado, si la trichopilia está montada en corcho, el problema de pudrición será eliminado si opta este tipo de cultivo. No hay que olvidar, que hay que envolver las raíces con un poco de esfagno o fibra de coco. Si se opta por el cultivo en maceta, hay que hacer agujeros suplementarios y poner en el fondo de la maceta, material drenante. El sustrato deberá ser a base de corteza de pino de mediana granulometría, añadiendo musgo de esfagno (más humedad), carbón vegetal (contra la pudrición) y perlita (para un drenaje suplementario. Elija macetas bastante pequeñas, pues sus raíces son finas.

No hay que olvidar que una mata gruesa florece peor, por que los pseudobulbos están apretados los unos con los otros. Es mejor poner la mata un poco, en florma de cúpula sobre el sustrato. Esto ayuda a prevenir pudriciones y también permitirá sacar mejor provecho de las floraciones, por que la inmensa mayoría de las especies tiene inflorescencias que tienden a colgar.

Mantener una humedad relativa de 70 a 75% durante todo el año, junto con una buena ventilación permanente, igualmente evitan las pudriciones.

Bueno, espero que os haya gustado, para cualquier consulta o sugerencia, podéis escribirme a: airegaizto@gmail.com

3 comentarios:

Pili Ramone dijo...

Se te ha olvidado una cosita....
La Ramonensis es miaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
XDDDDDDDDD

Iván dijo...

jajajajaa, Pili, me acuerdo ya desde la floración del año pasado, jajajajaja... No ves que tiene tu nombre? En el momento en que tenga que hacer divisiones, tú serás la primera...

Saludos

Anónimo dijo...

I must digg your article therefore more folks can look at it, very useful, I had a tough time finding the results searching on the web, thanks.

- Murk

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En Gipuzkoa, la provincia más pequeña de España, el clima es de tipo oceánico templado, caracterizado por sus moderadas temperaturas y lluvias relativamente frecuentes, aunque rara vez torrenciales. Se trata de un tiempo húmedo pero agradable, matizado por el efecto suavizador que ejerce el mar.

Los inviernos en Gipuzkoa suelen ser lluviosos pero con temperaturas más bien templadas. Las heladas son escasas y la caída de nieve, un acontecimiento infrecuente que provoca que los guipuzcoanos saquen sus cámaras a la calle.

En verano suben las temperaturas pero sin alcanzar las cotas agobiantes de otros lugares. Aquí los termómetros se quedan en torno a unos agradables 20 grados, aunque se produzcan máximas superiores a los 30. Lo normal es que los días sean agradables y que durante las noches el ambiente se refresque. La lluvia, a veces en forma de suave llovizna (el típico 'sirimiri'), también hace su aparición en las estaciones cálidas, entre ciclos secos.

Las suaves brisas suelen venir del noroeste, del norte o del sur. Pese a su reducida extensión, la morfología de Gipuzkoa, con estrechos valles y montes que actúan como barrera de los aires del mar, hace que la meteorología no sea homogénea y que se registren variaciones entre sus distintas comarcas.