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domingo, 9 de agosto de 2009

Phalaenopsis equestris var. rosea

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La verdad que esta phalaenopsis me gusta un montón, pues siempre que florece, es una explosión de infinidad de flores que no pasa desapercibida allí donde está. Le agradezco la compra de esta orquídea a Estela -WAKE-, que me llamó expresamente desde la expo de orquídeas de Orquimadrid 08 (que se realizó en Madrid, los días 3 a 5 de Octubre de 2008), para decirme que había visto una Phalaenospsis equestris preciosa en uno de los stands y que si quería que me la cogiera. Viniendo de Estela y sabiendo que viniendo de ella, quería decir que era una planta hermosa, enseguida le dije que sí.

No pude disfrutar mucho de su floración, pues al poco de llegar a mis manos las flores empezaron a caer una a una, así que como hago con todas las orquídeas epifitas que llegan en maceta, la monté en corcho. Lo más gracioso de todo, es que, aunque escasamente, las vieja vara me echó todavía unas flores más... Pero lo más sorprendente de todo, es que a los pocos meses, me di cuenta que empezó a echar una vara nueva, y la sorpresa no terminó ahí, pues al poco tiempo empezó con otra.... Y si ya no cabía en mi asombro, en la vieja vara empezaron a formarse keikis y más keikis... ¡Una planta alucinante!

La Phalaenopsis equestris es una orquídea epífa. Originaria de Filipinas y de Taiwán. En la naturaleza se encuentran debajo del dosel forestal en la humedad de la parte baja, protegidas de la luz solar directa. Se desarrolla en troncos de árboles con abundante musgo de donde las raíces de la planta sacan los nutrientes con los restos de corteza del árbol. Se encuentran desde el nivel del mar hasta una altitud de 300 metros.

La Phalaenopsis equestris muestra un hábito de desarrollo monopodial. El rizoma se desarrolla erecto y en su extremo produce dos gruesas y carnosas hojas alternas y elípticas cada año. Las hojas basales más viejas se caen al mismo tiempo. La planta de este modo retiene de cuatro a cinco hojas. No tienen pseudobulbos y el almacenamiento de agua y sustancias de reserva se verifica en sus hojas, de láminas amplias y consistentes.

El racimo aparece del tallo que surge entre las hojas y florece en todo su esplendor durante varias semanas, con una inflorescencia larga y ramosa (incluso más de un metro de larga).

Las flores son variables en tamaño y en color. Sépalo dorsal oblongo-elíptico a ovoide-elíptico, puntiagudo, margenes recurvados. Sépalos laterales similares al dorsal, oblicuos, puntiagudos, vueltos de atrás a adelante. Pétalos estrechos romboideos, puntiagudos u obtusos, márgenes recurvados, constreñidos hacia la base. El disco de la unión del lóbulo intermedio y de los lóbulos laterales forma un callo subcuadrado. La columna arqueada de más de 9mm. de longitud. Las raíces son gruesas y glabras. Se trata de una especie muy utilizada en hibridaciones como suministro de polen.

Estas plantas no son muy exigentes en cuanto a su cultivo. Requieren unas condiciones mínimas que no son difíciles de conseguir dentro de las casas. Yo la tengo todo el año en mi buhardilla, con temperaturas comprendidas entre los 15ºC y máximas en torno a los 25ºC (pudiendo haber picos superiores a los 30ºC algunos días). Una humedad en torno al 60%. Tiene bastante luz, pero sin sol directo y los riegos son diarios con abono diluido con dosis muy bajas en el agua. Así y todo, os dejo un aquí, las condiciones óptimas para el cultivo de una Phalaenopsis equestris:

Temperatura

Se desarrolla bien con la temperatura de la casa. Soporta temperaturas de entre 14 y 35ºC con preferencia de temperatura durante el día de 20-24 °C. Para hacerla florecer, hay que mantener una diferencia de temperatura de 5 °C entre el día y la noche durante un mes.

Luz
Los Phalaenopsis prefieren una luz viva, sin el sol directo del periodo del mediodía. Su ideal está entre 15.000 y 20.000 lux. Para ello se pueden situar junto a una ventana orientada al este o al oeste, con un visillo o cortina fina de por medio. Sin que le de la luz directa del sol pues se le pueden quemar las hojas. Las raíces de estas orquídeas son verdes, tienen clorofila por tanto capaces de realizar la fotosíntesis, por lo que es conveniente que estén en macetas incoloras.
Agua
De preferencia no calcárea y sin cloro (usar cartuchos filtrantes si el agua disponible es muy calcárea). La humedad ambiental debe estar situada entre el 50 y 60%, si bien debe ser mayor cuanto más alta sea la temperatura.

Riegos
Moderados. Hay que dejar secar un poco el compost entre dos riegos. Las raíces prefieren los compost con buen drenaje.Algunas variedades prefieren que las raíces sequen rápidamente.

Humedad
Les gustan las vaporizaciones

Aclareo
Normalmente al final del invierno o en la primavera, después de la floración. Toleran bien las macetas pequeñas. Utilizar de preferencia un tiesto no poroso (nada de macetas de barro cocido), a fin de no concentrar las sales minerales. Si no, se recomienda de humedecer el compost con agua clara de vez en cuando. Después del cambio de tiesto, esperar unas dos semanas antes de emprender el ritmo normal de riegos. Vaporizar el envés de las hojas.

Sustrato
Granulometría de

fina a media, a base de corteza de pino, atapulgita o argex (esferas de tamaño variable), carbón vegetal, poliestireno. Es conveniente, no sólo en Phalaenopsis sino en orquídeas en general, desinfectar el medio de cultivo previo a su
utilización. Un método eficaz e inocuo tanto para las plantas como para el ambiente es lograr la desinfección por acción del calor. El proceso consiste en colocar en una asadera la mezcla preparada bien humedecida y llevarla a horno convencional durante 20 minutos a temperatura de 180°C cuidando de que no se seque en exceso para evitar que se queme. Retirar y dejar enfriar completamente. Una vez frío volver a humedecer (al plantar el sustrato siempre debe estar mojado).


Abonos
Debido a que son plantas epífitas que viven sobre troncos de árboles y recogen el agua de lluvia que escurre no tienen grandes exigencias de abono. Venden abonos especiales para ellas, pero basta con usar un abono para plantas de interior reduciendo su dosis a la cuarta parte, que aplicaremos cada 10-15 días en la floración y el resto del tiempo esporádicamente.

Reproducción
Producen innumerables semillas, pero difíciles de germinar como no estén en simbiosis con un hongo. Por lo cual, el método más fácil es mediante keikis(hijuelo que la planta madre emite en la vara floral, tras la floración). Para estimular la aparición de Keikis tras la floración, se corta la vara por encima de un nudo sobre la mitad de su longitud. Luego se retira con cuidado la pielecilla que cubre las yemas de los entrenudos, con mucho cuidado para no dañar éstos. Con ello conseguiremos que les llegue más luz. También se puede diluir una pizca de la hormona de crecimiento vegetal (benziladedina) en agua y con un pincel dar un fino toque en el corte para estimular su aparición. Una vez el keikis ha emitido unas raíces pequeñas se puede separar de la planta madre.

Bueno, espero que os haya gustado, para cualquier consulta o sugerencia, podéis escribirme a: airegaizto@gmail.com

5 comentarios:

JAVIER AKERMAN dijo...

Estimado Ivan:
Me encantan las orquídeas y esta no la conocía. Es bellísima.
Gracias por la información que compartes.
Un saludo cordial.

Iván dijo...

Hola Javier

Gracias a ti por tus blogs...

Un saludo

www.fitochapingo.blogspot.com dijo...

Buen blog, buen informacion, visiten el mio, saludos

Anónimo dijo...

Por cierto IVan, no tendras un foro de fotografia? es que las fotos son impresionantes...!

Iván dijo...

Qué va!!! Son fotos con truco. Intento hacer fotos con algún fondo oscuro (en mi caso un pasillo) y luego con el corrector de fotos de Picasa (gratuito) oscurezco la foto, jejejeje... y el resultado suele ser sorprendente...
Un saludo

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En Gipuzkoa, la provincia más pequeña de España, el clima es de tipo oceánico templado, caracterizado por sus moderadas temperaturas y lluvias relativamente frecuentes, aunque rara vez torrenciales. Se trata de un tiempo húmedo pero agradable, matizado por el efecto suavizador que ejerce el mar.

Los inviernos en Gipuzkoa suelen ser lluviosos pero con temperaturas más bien templadas. Las heladas son escasas y la caída de nieve, un acontecimiento infrecuente que provoca que los guipuzcoanos saquen sus cámaras a la calle.

En verano suben las temperaturas pero sin alcanzar las cotas agobiantes de otros lugares. Aquí los termómetros se quedan en torno a unos agradables 20 grados, aunque se produzcan máximas superiores a los 30. Lo normal es que los días sean agradables y que durante las noches el ambiente se refresque. La lluvia, a veces en forma de suave llovizna (el típico 'sirimiri'), también hace su aparición en las estaciones cálidas, entre ciclos secos.

Las suaves brisas suelen venir del noroeste, del norte o del sur. Pese a su reducida extensión, la morfología de Gipuzkoa, con estrechos valles y montes que actúan como barrera de los aires del mar, hace que la meteorología no sea homogénea y que se registren variaciones entre sus distintas comarcas.